.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-Todas las fotografías que aparecen en este blog forman parte del Archivo Fotográfico de Maluenda de Jesús Gil Alejandre.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

martes, 25 de octubre de 2016

FOTOGRAFÍA E HISTORIAS DE MALUENDA

He encontrado en Cuadernos de Campo un artículo del Aula de Adultos adscrita de Maluenda una entrevista que se hizo a José María Gimeno en 2010, titulada:

Una familia centenaria de herreros en Maluenda,
 
y he querido unirla a una foto que hace no muchos días estuvimos comentando su hijo Pablo y yo en Churrión.
 
 


"Al igual que en todas las localidades de la ribera del Jiloca, la actividad del campo hace unos 100 años se repartía entre el campo y la vega, se cultivaba cereal, o remolacha, se criaban las viñas, se sembraba alfalfa y patatas; y todas las demás actividades giraban en torno a las labores del campo.
 
En Maluenda hemos entrevistado a José Mª Gimeno, persona muy amable que ha accedido a contarnos un poco de su vida y la de su familia de hace más de 200 años.
 
Su abuelo descendía de un pueblo de Guadalajara, Fuentelsaz, se llamaba Alejo Gimeno, éste se vino de aprendiz a Maluenda a la casa de un herrero muy conocido en la zona y se casó con su hija Agustina Velilla, desde entonces vive su familia en Maluenda y aunque él dejó la herrería en la que su padre le había enseñado el oficio cuando tenía 40 años, desde los 14 trabajó con él en una de las dos herrerías que había en el pueblo.
 
La de su familia situada en la Avenida de José Antonio, en la calleja que daba a la antigua calle de General Franco. La otra herrería estaba situada en lo que hoy es la Casa de Cultura, en terrenos del Ayuntamiento y que era de la Familia Velilla, primos del los padres de José María.
 
Las labores de la herrería se dividían, al igual que las del campo de Marzo a Mayo, en las que se aguzaban los barones muy de mañana, antes de que los labradores fueran al campo; a las 6 de la mañana comenzaban las tareas de la herrería, porque a las 8 los hombres ya estaban en el campo; a partir de Junio hasta que se acababa el verano, la faena se pasaba a la tarde, cuando el sol ya caía y hasta muy entrada la noche, que con la única luz de la forja se trabajaba para evitar el sofoco de las tardes de verano.
 
Se calzaba a las caballerías, con la forja de las herraduras, se forjaban los aperos de labranza: azadones o soteros, azadas, arados y toda clase de herramienta en general. También se hacían puertas de hierro, balcones, rejas, llaves, cerrajas y José María cuenta cómo él llegó a hacer remolques para caballerías y más tarde para los tractores. Aún se pueden ver en Maluenda ejemplos de balcones de forja de hace más de 100 años: se forjaba con el martillo desde el barrote a la cenefa, se hacían balcones sencillos, compuestos de barras verticales, y balcones labrados con flores o figuras ondulantes y geométricas, que recuerdan los de los antiguos palacios renacentistas aragoneses. El hierro dulce que se trabajaba en las herrerías se compraba en Calatayud, en las ferreterías y venía en láminas o en tiras que más tarde al calor del fuego y la maestría del herrero se convertían en piezas imprescindibles en la vida cotidiana de los hombres y mujeres del campo, o piezas de decoración en sus rejas o balcones.
 
Cuando José María dejó la herrería de su padre, las labores del campo ya no eran las mismas y la vida había cambiado lo suficiente cómo para darse cuenta de que el herrero ya no era un oficio de la segunda mitad del siglo xx. Ahora en Maluenda existe un taller de herrería, que se ocupa de las tareas propias de un taller, las máquinas han sustituido el trabajo artesano de hace siglos."

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